martes, 30 de septiembre de 2008

mi promoción

del festival))

// ilustraciones digitalizadas (sax y mujer), formas vectorizadas, coreldraw, photoshop, y namás //

jueves, 18 de septiembre de 2008

Del viernes 12 de septiembre ‘08
Me aguardan mis sábanas rosas de niña chiflada. Pasaban de las once, iba saliendo del bar, ebria, atinando los pasos entre la lluvia débil. Hombres ofreciendo camionetas a mi andar solitario, los acompañaba una putita. La prostituta sin cabeza, empujada por el mando de los machos me alcanzó en la esquina, la escuché y volteé, me miró pero no dijo nada. Se adelantaba, la tomé de la mano para que no se apresurara a cruzar la calle “espérate a que esté en rojo” le dije, y sujetadas nos atravesamos. Ella – ¿Te prostituyes? Yo – No. ¿Te mandaron ellos? Ella – No Nos detuvimos, ella estaba un escalón arriba, contemplé su faldita de mezclilla, las zapatillas negras y la blusa diminuta y negra también. Miré su cara de bruta, su pelo oscuro, no era fea, pero tenía expresión de pendeja y de poseída a la vez. Yo - ¿Me das un beso? Ella – No Yo – ¿Si no te pago no? Ella - ¿Te gustan las mujeres? Yo – Algunas, ¿a ti? Ella – No, no me gustan las mujeres Yo – Nada más la verga, ¿verdad? Ella - Si, ¿eres lesbiana? Yo – No, no soy lesbiana Ella - ¿A dónde vas? Yo – A mi casa Ella - ¿Dónde vives? (Me hice la que no escuché) Ella – ¿Con quién vives? Yo – Eso no te importa, ¿a dónde vas tú? Ella – A mi casa (miente) Yo - ¿Dónde vives? Ella – En el infonavit Pinche mentirosa, pensaba, y me confundía, no dejaba de caminar conmigo, ésta puta apenas empieza su chamba. Yo – Si me quedo aquí, ¿tú le sigues? Respondió que sí, me detuve, ella continuó, después de unos segundos doblé la esquina. Caminé algunos metros, volteé, la chica venía tras de mi. Temerosa y sin casi pensar regresé los pasos andados y seguí derecho, intentando un ritmo, sin descanso, ya no quería volver mi vista a ella. Tenía miedo, estaba mareada y mi ropa húmeda. Llegué a una casa donde bebían conocidos de la escuela, me excusé pidiendo entrar a su baño, me invitaron un cigarro y salí de ahí. Ahora ya directo a casa, me hubiera agradado que estuvieras cerca para que me quites la frialdad en la piel y reponerme de lo que había bebido, y no huir de la mirada de mis padres. Llegué a casa, apenas saludé, me quité la ropa y me sumergí en las sábanas color rosa, mi madre preguntó algo, le respondí con naturalidad, acordamos los quehaceres del día siguiente. Me acomodé en la cama, mi madre encendió el aire acondicionado. Cerré los ojos esperando que cesara el mareo y las vueltas que mi cama daba por el universo para al fin dormir.