jueves, 16 de octubre de 2008

El sapito Sapilósofo Sapiencia se va del pantano
(verano 2007)
En una noche de octubre la lluvia caía del cielo en gotas estruendosas y pesadas en un pantano de aguas estancadas en profundidades cenagosas, formando charquitos entre las hojas y las piedras. Al día siguiente, el sapo Sapilósofo Sapiencia, de once días de nacido, quien por primera vez había contemplado la lluvia, salió de su refugio para recibir el calor de la mañana. Dio apenas unos brinquitos y observó unas gotas de lluvia en una hoja y pensó: - “el agua del cielo es limpia y cristalina, muy distinta a ésta, la del pantano” – se acercó un poco más y vio su reflejo – “y ahí hay algo, ¿qué es?” – sus ojos saltones miraban asombrados al igual que los de la criatura en el agua – “pero, ¡ése soy yo!, esas ancas son las mías, también esas verrugas y esa piel gruesa y verdusca, ¡ah, pero mis ojos, ésos no me los conocía!, son grandes y saltones” - se distinguió de arriba abajo en su reflejo, se apenaba de su aspecto y a la vez se deleitaba en su vanidad. Después, aún ensimismado, brincó hacia el pantano y se paró sobre un nenúfar, se quedó ahí inmóvil por horas, pensando y pensando mucho que le quedaron las patas entumidas y sus ojos de buen pensador mostraban la sabiduría evidente hasta en su nombre. Libélula y Escarabajo veían a Sapilósofo y empezaron a preocuparse: - ¿Qué tiene ese sapo? ¿por qué se queda ahí parado?, ¿se estará muriendo? – dijo Escarabajo. - ¡Cómo crees! Si es apenas un chiquillo. Lo que pasa con éste es que piensa mucho, sólo eso hace. Es muy sabio y entiende cosas que nosotros no. Así se queda todo un rato; habla poco, come poco, se mueve poco, pero ¡ah cómo piensa! Para esto ha nacido este sapito, por eso se llama Sapilósofo Sapiencia – dijo Libélula. Escarabajo propuso: - ¿Y si le preguntamos qué tanto piensa? - Me parece buena idea – contestó Libélula. Se acercaron los dos a Sapilósofo: - Hola sapito Sapilósofo – saludó Escarabajo. - Hola Escarabajo, buenos días Libélula – respondió el sapo. - Buenos días, Sapilósofo – dijo Libélula. Escarabajo le preguntó al fin: - Oiga sapito, usted que es tan inteligente, díganos joven pensador, ¿qué tanto piensas? - ¡Qué atento señor Escarabajo! Me halaga usted mucho, pero ¿de verdad le gustaría saber lo que pienso? – dijo el Sapilósofo. - Por supuesto sapito, ¿verdad que nos encantaría saber Libélula? - Claro, le hemos observado y nos parece que usted sabe mucho. Anda, díganos ¿qué es lo que usted tanto razona? – dijo entusiasmada Libélula. El sapito dudó un momento, pero al fin habló: - Miren, después de tanto observar, ahora me he dado cuenta de muchas cosas. Desde que nací he visto y saboreado esta agua viciada y turbia, he olfateado los vapores que se elevan de este pantano, me he deleitado brincando de lirio en lirio, y de cuanta materia flota por encima de esta fango. Después de la lluvia de anoche y de haberme visto en el agua clara, veo que mi piel gruesa y pardusca es como el color de la nata superficial del pantano, mis verrugas son como las burbujas que se generan cuando el cocodrilo se zambulle y el resto de mi aspecto son como este pantano. Mi naturaleza es la misma que la del pantano, la misma quietud y parsimonia. Y hoy, después de haber vivido toda mi existencia en este lugar, he decidido mudarme y huir de este eterno estancamiento. Quiero conocer un lugar donde el agua fluya libre, y la luz reciba su reflejo en aguas limpias y le devuelva su claridad, no como aquí que la absorbe y la asfixia el lodo nauseabundo. Voy a buscar un lugar donde la corriente del agua regenere mi piel y la bañe a diario, un lugar donde los animales luzcan más vivos, menos mortecinos; aquí mi cerebro se siente infructuoso y mis ideas, sofocadas. Libélula y Escarabajo se quedaron pasmados, no sabían mucho sobre las palabras del sapo filósofo, pero entendieron de alguna forma lo que decía. - Ay sapito, pero es usted muy joven, le falta madurar, está muy chiquito para decidir así; espere unas semanas más y verá que va a cambiar de opinión – dijo Escarabajo algo confundido. - Además ¿cómo va a hacerle?, usted no conoce nada fuera de aquí – argumentó Libélula. - Ya sé, pero ahora me siento seguro. – Sapilósofo respondió. Escarabajo habló alzando la voz: - ¿Han escuchado lo que este sapito ha dicho?, señor Cocodrilo, moscas, bichos y lagartijas, ¿han oído al sapito?, a este muchacho le hizo daño pensar tanto, ¿cómo va a dejar el pantano? ¿cómo aventurarse así? Todos los animales del pantano empezaron a alegar, “¿cómo es posible?, ¿qué le pasa?, ¿cómo va a irse?”, se escuchaban las voces de los demás, “ya no pienses tanto, deja de pensar, aquí esta bien todo, no te hace falta nada”. Sapilósofo trató de tranquilizarlos: - Calma, no es para tanto. Yo sabré salir adelante. - Y ¿qué vas a comer? – preguntó preocupada Libélula. - No sé, lo que encuentre. - Y si te da frío, ¿y si corres algún peligro? – dijo Escarabajo. Cocodrilo agregó: - ¿y si algún depredador te aniquila?, no todos serán piadosos como yo. - Sabré como defenderme – aseguró Sapilósofo. Entre más animales lo abordaban más retrocedía Sapilósofo. - Déjenme ir, seguro me irá bien. Se dio la vuelta y se fue dando saltitos. Brincó y brincó mucho, como en algún momento pensó mucho. El pantano y el olor a hierba pútrida parecían no tener fin. Nueve días anduvo brincando y andando hasta que se sintió completamente agotado y se desmayó rodando por las piedras, y las raíces de los árboles lo condujeron en su caída hasta que ya no hubo más pendiente, y su cuerpo se detuvo aún inconsciente. Sapilósofo estuvo así por medio día hasta que su cuerpo se reanimó con un fresco y estimulante golpeteo. Sapilósofo sintió el agua fría por su redondo cuerpo como una energía que le devolvía la vida. Abrió los ojos y se vio en medio de un pequeño arroyo de piedras brillantes y pulidas, resbaladizas sin rastro de moho, que lo detenían. Supo entonces que había llegado al lugar que había anhelado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Del 27 de noviembre del 2006
Se hunde en lo onírico y vuelve a emerger. Ella. Prueba un poco más y allá va, al inicio del sueño y cambia su final cuantas veces ella quiere. En el fondo del océano vio una raíz, con sus ramificaciones retorcidas que formaban la silueta de una mujer, era una señal. Entonces confirmó que su raíz es materna. Él sostuvo con su mano la foto de la actriz hollywoodense, la Monroe, con la otra iba moldeando en el barro el cuerpo delicioso. El barro estaba suave y se dejaba manipular cediendo su voluntad a los dedos largos y recios de Juan. Tenía años enamorado de esa estrella de cine, perdida en la fatalidad del suicidio. En el taller había setecientos noventa y tres esculturas de Marilyn, mil seiscientos cuarenta y un dibujos, miles de fotografías y otros cientos de recortes, de la sonrisa semivulgar de esta mujer. Un cuerpo desnudo deambulaba por el estudio, esperando que Juan dejara esa foto a un lado y se inspirara en él. Ella. Así anduvo una hora y media formando torres con latas antes de que Juan se percatara de su infantil desnudez. Pero Juan no le hizo mucho caso, la ignoró consciente de que era muy bella y que era buena idea dibujar sus curvas, pero no iba a ceder pronto. Carmen salió al campo, aprovechando que ninguna alma andaba por esos rumbos; solo se cuidaba de caminar por los senderos cuyos arbustos no alcanzaran a tocarle el sexo, para no lastimarse. -la escena de un perro andaluz, donde el hombre secciona el ojo de una mujer y brota de la cavidad una carnosidad blanda, como ostión, como un pequeño vómito.

martes, 14 de octubre de 2008

Del 17 de noviembre del 2006

Es impresionante el cuerpo humano, no me refiero a la anatomía desde el punto de vista biológico, aunque claro es apreciable la perfección del cuerpo, los sistemas y su funcionamiento; más bien me agrada más el lado estético, la belleza, esa belleza natural que rebasa cualquier estereotipo que difunden los medios. En mi opinión, creo que un cuerpo es el mejor motivo, objetivo, para cualquier manifestación artística. La fotografía, la pintura, la escultura, la danza, cualquiera que utilice de musa un cuerpo, si es femenino es mejor; las curvas delineadas, los muslos, el sexo, un rostro, el cabello, las manos, un brazo terso, el hueco de la axila, un ombligo, una mirada, los labios, el ceño, las nalgas, las costillas, la espalda, ah una cintura. Otra arte es también el vestido, el cuerpo es muy bello desnudo pero lo es también con ropa, poca o mucha; es interesante la creatividad de los diseñadores de moda, combinar texturas, colores, tejidos y cortes que cubren la figura. Seguro soy de las tantas que desearían conocer todos los secretos de las tendencias en el vestido, diseñar ropa, vestuarios, etcétera. Ja, da pena admitirlo: soy una esteta. Estoy recordando las pinturas de Onésimo Gallardo.

Héctor Cortez
¿Y quién hurgaba entre los escombros de la misma vida el sentido que se había llevado el aire, quién sufría lo aparentemente absurdo y vivía aparentemente loco, y esperaba en secreto aún en el último caos errante revelación y proximidad de Dios? El lobo estepario / Hermann Hesse
Éste también era Héctor. Sus dibujos son resultado de una depuración de observaciones que se remontan hasta su infancia, en las que reconoce y sabe recobrar dimensiones despojadas de toda periodicidad, de estos fragmentos de tiempo que han visto al mundo en su decadencia; en ellos, la conciencia y la condición intrínseca del hombre manifestados, nos sitúan en lo que había en un principio, lo que está sólo en la memoria del espíritu y en el retorno a una raíz. Está ahí la reflexión y el cuestionamiento de lo que rodea; su obra es el aviso de verdades que no cambian, él es transmisor de lo inalterable, comunica de dónde venimos y de algo que no debe olvidarse. Dibujos de tan finos trazos, de insistente perfección y percepciones clásicas. Sus cuerpos procuran una nueva piel libre de cáscaras del tedio; cuerpos que huyeron y se perdieron, raíces que permanecen en los interiores de lo eterno. Rasca esperanzas que al final no se agotan, son costras imprescindibles para su evolución. Artista y heredero de atributos creadores como de quien ha sido hecho a imagen y semejanza; si alguna vez ocurrió la idea de negar su talento, no podría, dibujando paga el impuesto del propósito para el que existe. Es un hombre sensible de espíritu, apasionado, admirador del orden, de intranquilo corazón, de aliento apacible, de sabores únicos, de ideas, de lentos cambios, gobernado por una cabeza que maquina sin aviso. Él, que se resiste a la podredumbre impuesta; con los ojos absorbe y despoja, con las manos devuelve. Sus dibujos no pierden secuencia, ninguno se aísla; en cada línea que los constituye es irremediablemente Héctor.
del 4 enero 2008
… que si Hesse es o no uno de mis favoritos, aunque reniegue e intente no dejarme seducir por su estilo, es difícil resistirse, y aun sin afanes de identificación, es verdad que la manera en que describe algunas cosas es semejante a como las veo a algunas veces… es innegable la influencia, sí es atractivo un personaje como Harry Haller, pretendo no sólo aceptar eso como parte de una excentricidad, como suelen algunos lectores, y no porque me crea más, es sólo que en efecto, como Haller, desprecia el sarcasmo y la ironía, así a una simple impresión y sencillez, que tanto me ha costado definir, excluyendo por supuesto también cuestiones de espiritualidad que las deja evidente como algo de verdad alejado de lo que trata de ser… ni hablar de la manera en que describe a los tiempos y a la sociedad, ni hablar de cómo las almas, lo atemporal, las comparaciones y enfrentamientos de épocas, de naturalezas, la ambigüedad,… más aún la incompresible relatividad de todas las cosas… sí coincido mucho, para que no se malinterprete es mejor no manifestarlo, para no resultar una tonta y rendida admiradora…
(ahora para mí indescifrable... qué putas escribí??)

Muchas veces idealizo los ojos como si iluminaran e irradiaran luz, ya se que al contrario, son ventanas, como si la óptica hubiera errado, la reflexión no es a las pupilas sino a lo que apuntan, creer entonces que éstas proyectan luz, creer también que las cosas del exterior – fuera de nuestros ojos- el ambiente y todo nos observan… tiene más razón al final lo que concluimos al observar, tanto que lo demás –lo de afuera- debe admitirlo así, la razón esta en los ojos entonces, que ya no contemplan, sino revelan… es la razón del alma del hombre, y no la razón de la creación… donde está la verdadera raíz?? Afuera o dentro?? afuera es verdad, adentro es engaño… adentro es verdad cuando admitimos la misma verdad y de la que da constancia lo de afuera respecto a lo de adentro y viceversa, esa debe ser la raíz y a mi no parece conveniente … prefiero la raíz de Eva, la de adentro, la que es engaño... creo entender, la raíz si esta dentro por supuesto, pero no puramente en el hombre o alma, sí esta ahí pero no proviene de ahí, sino de la fuerza dentro-fuera, porque Él está en todo… Una ventana muy grande y óptima pretendiendo recibir al sol o permitir ver su puesta, una pared enfrente… Norte (verano)-Sur (invierno) … se ve rotación camino del sol Este (amanecer) – Oeste (atardecer) … se ve traslación Esto es opuesto… correspondencia…

líneas de hace meses

Que de tanto andar / mi alma inconclusa envejezca / cuando a ti, vida mía, regrese / de haber recorrido, cual Goldmundo, / la tierra entera / y veas acercarme harapienta, / tambaleante y media muerta / al fin entregue yo a tus manos / el corazón palpitando / y sólo entonces sepas que desde hace años te amo… Escribo de ti mis memorias antes de tiempo, / para que no se me escapen de mis labios tus besos Hablará el eco de paredes negras y verdes, de las mañanas de mi amor incipiente; / tú, hombre de mis insomnios, poco importa que seamos a tempranas horas del día que empieza, los primeros en amarse. Tocar tu puerta, entrar a tu casa, te visito como ideal súcubo, demonio me llamas, reprochablemente insana, tan lejana de tu ideal soy. Tú mi perfecto Demian, me transformas, / me vuelves materia inmortal. Me conociste niña, lames la juventud de mi piel, / tus palabras me han vuelto mujer, pero tú antes de nacer ya eras viejo.