miércoles, 10 de noviembre de 2010

esto no es una reseña literaria

(agosto 2010) supongo, mi necesidad de escribir no es tan grande como la que tengo para pensar y reflexionar.... empecé a leer a Milán Kundera, no "la insoportable levedad del ser", sino otro libro llamado la inmortalidad, que hasta las escasas menos de cincuenta páginas que leí en el café, trataba muy poco de tal concepto (inmortalidad) en sí, pero en la historia narrada en las apenas leídas páginas se vislumbra a través de otros planteamientos como la soledad, el creador y el aparente individualismo. que si bien la historia, ante cualquier lector podría parecerle como un medio que oculta profundas reflexiones del autor, creo que es una suposición equivocada, porque la novela es todo menos malintencionada o científica. Es sencilla, no humilde, sin amargura, y es bella porque no es solapadora, no es complaciente pero sí placentera, pero no por eso es impersonal. ultimamente me parece difícil expresarme y no dudo que muchas veces me equivoco. que más da. si es porque no tengo las palabras exactas, porque no es eso lo que busco, y creo que en una lógica comunicativa menos lograré expresar lo que pienso al respecto de cada cosa que me hace considerar concentradamente, no absorta, sí en deleite personal. y mis pensamientos, que anticipadamente sé de su poca trascendencia, son un placer único, tan valioso momentáneamente. No importa ahora lo impresionada que estoy con lo que leí, no es por sus ideas, pues ya he convivido con ideas similares, es la realización de esas reflexiones en las reflexiones del personaje, porque son más nítidas y reales en él, que al contrario si fueran expuestas por el autor. Porque el personaje las vive propiamente, sin necesidad de escribirlas o exponerlas más allá de su puro y honesto pensamiento. no es maravilloso! el autor escribe sus emociones, el personajes no tiene esa obligación, lo vive, y mágicamente a través del autor sabemos lo que reflexiona, vive y piensa. el personaje es por mucho, menos miserable que el autor y que yo también por tener que hacer eco ahora escribiendo mis emociones (no podré despues de esto quitarme el mote de ingenua lectora, lo se). en el libro, más que ahondar sobre las cuestiones del bien y del mal, como estaba acostumbrada a leer en Hesse, alabo el pensamiento puro del personaje, ni siquiera me importa que sea una extensión de las reflexiones de kundera, alguien puede creer lo emocionante que me parece esto. solo veo que el escritor es buenísimo, aunque demerite (sí lo hago) la fama que tiene bien ganada (convencida de que la tiene bien ganada por lo buenísmo escritor que es, por que ahora lo descubro) me emociona la lástima que siente el personaje, el anhelo de soledad, porque aunque reconoce que sus pensamientos son malos o reprochables, son justos, sabe exactamente lo que quiere, sabe que sus pensamientos no son infundados y sabe de su razón, aunque sea indulgente con este mundo y se limite a la insuficiente independencia humana. aún no logro expresar, pero no me avergüenzo de mis formas limitadas de comunicar, mejor lean el libro, que si quiero trasnmitir algo sobre él, seguro fracasaré mediocre, porque ni soy escritora, ni tiene sentido debatirme en una paráfrasis personal, si con todo esto omg! no intentaba trasmitir mi punto de vista, debí decir desde un principio: empiecen a leer la inmortalidad de milan kundera. fui al café, para no quebrarme la cabeza entre mis limitaciones, mi jaqueca y el clima soleado y agobiante. es suficiente pretexto para salir de casa, que es de donde nacía mi jaqueca, aún sabiendo que el mejor café que pueda probar en todo el mante lo tengo en mi casa (cargado, no muy dulce, no muy chafa, finamente molido, puertorriqueño y con un nombre fascinante: café crema). porque aunque en otro lugar lo pida cargado, no vale la pena si el café no es bueno o de sabor indiferente a mi gusto, por no decir que en algunos lugares el cafe se siente inclusive viciado. la urgencia era salir, y fui al cafe que menos defrauda mis peculiaridades respecto a esta bebida. llegué, pedí una bebida distinta y fría, lamenté no haber traído conmigo pluma y cuaderno, y como ya había llorado suficiente con los pensamientos y desilusiones del día, no quería volver a recurrir a ellos, sería una pena que me salieran lágrimas una vez fuera de casa y en un lugar público. me dirigí, por no dejar, al estante de libros, sabiendo de antemano que ninguno era de mi gusto, la mayoría parecen best sellers contemporáneos que no me convencen, no me convence saber de ellos por sus ventas y lectores comunes, mucho menos si no sé de ellos por otro rasgo más excepcional que por las ventas, por la prensa mediática o por un lector común de best sellers. ya sabía que no valía la pena reparar en los títulos, ya lo sabía, pero aún lamentaba no haber cargado algo para escribir, así que repasé los títulos. ahí estaban los best sellers, la mayoría de isabel allende, novelas que revelan misterios, la mayoría sobre la iglesia católica, Dios y de mayas, y el resto eran de superación, biografías baratas de personajes de la historia (no digo que no puedan ser buenas, pero nadie podrá negarme el hecho de que son ediciones baratas). y ahí estaba el título 'la inmortalidad', nombre que me hizo rechazarlo como a los otros libros, después leí 'milán kundera', eso me atrajo y lo tomé. y eso que no he leído la insoportable levedad del ser (por motivos circunstanciales) pero sé que es buena por renombrada y recomendable, así que aunque nunca había oído sobre 'la inmortalidad' me figuré que estaría bueno, pero seguía regularmente convencida aún, hasta que lo empecé a leer. qué emoción me ha dado esa lectura, tanta que no es posible reproducirla ahora, solo escribo lo que debí haber escrito desde un principio: empiecen a leerlo. con todo esto, aprendí hoy una lección, me di cuenta de que no vale la pena esforzarse en una paráfrasis que resultará insuficiente, debí solo decir: 'leí esto y me emocionó', aunque esto, de tan mínima extensión, es muy pobre para alentar a alguien más a probar la misma experiencia.

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